El Festival de Cine de Málaga ha cerrado la sección oficial con un futuro éxito de la taquilla española, y posiblemente extranjera. Fernando Ramallo y Lucía Jiménez encarnan a dos casi cuarentones que, de viaje por España, se encargan de que hagas reflexiones como nunca antes lo habías hecho.

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Algunas voces de la crítica la dan por ganadora por el simple empaque del director, pero todo sea dicho, además de la prestigiosa percha de Trueba, Casi 40 tiene un sinfín de componentes para que agarre alguna que otra Biznaga. 

La cinta arranca lenta, con esos silencios que tanto se han repetido en este 21º Festival de Cine de Málaga y que tanto entusiasman últimamente a los grandes directores del séptimo arte, pero poco a poco te vas encarnando en la piel de la pareja de amigos con dos visiones totalmente opuestas, pero sin embargo viajando por la misma senda hasta encontrarse.

El punto fuerte, uno de los tantos, la cuidada y aprovechada fotografía de la película. Un guiño a nuestra querida España y a los rincones desconocidos de la tierra que el directo ha reivindicado en detrimento a lo típico que se ve en otras proyecciones. Una música inevitable, imprescindible y característica que te teletransporta a lo vivido entre la pareja.

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El guión es otra de las joyas. Unas reflexiones tan cotidianas que te sorprenden hasta donde te hacen llegar a pensar. Los personajes tienen unas salidas imprevisibles y sus gestos ayudan a perderte aún más por los pensamientos de la historia que los casi cuarentañeros recuerdan de sus tiempos mozos. Después de ver Casi 40 querrás aprovechar al máximo tu vida; querrás quedarte al lado de quien te aporta y quien realmente necesitas.

¿Más puntos positivos? Las pulcras interpretaciones de Ramallo y Jiménez. Él te hace llegar a quererlo, y para los que pasen por su misma piel, hasta te hace soltar alguna que otra lágrima. Un personaje bastante trabajado y conseguido. Al igual que Lucía, no menos difícil además de meterse en el traje de una cantante desfasada, pero ilusionada.

Pasen por la taquilla en cuanto puedan para beber de la historia, quizá la más atípica de los trabajos de David Trueba, por ese toque melancólico que roza el drama, pero sin embargo esperanzador y luchador en su trama final.

Por @alvaroRoldan_

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