Un nuevo filme se ha paseado por la alfombra roja del Festival de Cine de Málaga. Belén Rueda ha sido vitoreada al término de la cinta tras un excelente trabajo junto a Eva de Dominici en un miedo que ha traspasado la pantalla tras el coqueteo con el insomnio.

Efectivamente la interpretación de una de nuestras actuales joyas del séptimo arte no ha defraudado a la crítica, aunque pocos trabajos de la rubia suelen suspender en la gran pantalla. No dormirás quizá tenía demasiadas expectativas para un resultado regulón. ¡Alerta SPOILER!

El hilo conductor que pretendía seguir su director, Gustavo Hernández, parecía entusiasmar a los presentes en la butacas. Una actriz empedernida con la pasión deambulando por la dejadez que se le presenta el papel más arriesgado de su vida, y lucha hasta conseguir una oportunidad. Claro que no sabía que la interpretación del personaje por el que iba a ser recordada hasta su muerte iba a transitar entre los antiguos muros de un abandonado psiquiátrico.

La imponente presencia del tenebroso edificio, la sobresaliente fotografía, y sobre todo, su perfecta iluminación, hacen que la obra uruguaya, argentina y española tenga más atractivo aún conforme empiezan los primeros tiros de cámara. Rueda aparece en otra época y con aires de grandeza que bien sabe sostener su rostro. Hasta aquí todo perfecto.

La película va perdiendo fuelle conforme va rodando las letras de su guión en boca de una sublime Eva de Dominici o una Natalia de Molina (que por cierto a veces parecía andaluza y otras argentina con matices) La historia que pretende representar la directora que encarna Rueda se difumina tras casi 45 minutos de cinta. Olvidas lo que están haciendo y por qué han terminado en ese lugar.

El acierto de su localización, el reparto actoral y la pulcritud de la iluminación y sonido, insisto, salvan a la película de un suspenso raspado. El thriller psicológico que pretende mantener al personal sin dormir empieza a cabecear cuando la trama se entremezcla con un segundo hilo conductor de la realidad a la que parece llegar la protagonista de la obra que representa De Dominici.

Gustavo Hernández intenta contarnos las graves consecuencias de no dormir más de 108 horas, los estados de ficción en los que podemos entrar, pero sin embargo termina la cinta con una sensación de inconformidad, de no haber entendido por qué arde el personaje de Rueda y el antiguo psiquiátrico, y por qué hay público observando la supuesta obra. Quizá haya que volver a verla; quizá tenga alguna que otra hoja de guión traspapelada…

Por @alvaroRoldan_

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