lydialoz…y como no me lo podía creer, no me lo creí. Es lo que muchos telespectadores, tuiteros y amas de casa comentan a estas horas tras la inaudita intervención de los mandamases de la casa Sálvame en vivo directo. Han finiquitado el falso rumor que promulgaron hace más de una semana para arañar un puñado de fieles, sin éxito alguno.

Finalmente Terelu Campos y Lydia Lozano no son despedidas, ni hubo tal pensamiento, por cierto. En pleno ecuador y apogeo del “objetivo Cataluña”, cuando el Gobierno de España aplicaba un histórico artículo 155 ante la rebelión, sedición e ilegalidad del Govern de Puigdemont, Telecinco hizo lo propio vista la fuga de público a los especiales políticos de Atresmedia.
Era evidente la farsa. Las cámaras subieron hasta la sala de reuniones donde presuntamente ese día comunicarían a la hija de María Teresa y a la del baile ‘chuminero’ que dejarían de trabajar para el programa rosa de Mediaset. Los llantos de ambas se escucharon hasta en la TV3, buena parte de la audiencia tuitera accedió al bulo orquestado por ellos mismos y hasta un medio de comunicación contribuyó a su expansión (y de paso publicitarse)

El espectáculo estaba servido y ya sólo quedaba dejarlo crecer tarde a tarde entre los fieles seguidores, cada día menos, atraídos por la inminente actualidad catalana que extraodinariamente cubrieron, y siguen cubriendo, el equipo de Ferreras, Ana Pastor, Sandra Golpe o el Telediario de TVE. Había que inventar una estrategia para frenar la masiva fuga de audiencia de sus tardes: desde el mismo día que anunciaron los supuestos despidos (mantenía una audiencia del 17%-18% en la versión Naranja) ha caído hasta el 14% y 13,9% de esta misma semana. Una estrategia fallida. Su público no les ha creído. 

Y es que el público de “Sálvame” ya no es el de los años 2009. Antes la audiencia se quedaba embobada ante un presentador que entraba tras las cámaras y los claves de plató persiguiendo al invitado de turno; se emocionaba cuando salía la redacción contando algo excepcional en pantalla; los incontables abandonos en vivo directo o los ya famosos espectáculos, a veces desproporcionados. Al telespectador del 2017 no le cuelas que dos pesos pesados del programa se enteren por Twitter de sus presuntos despidos, y mucho menos, que accedan a hacer de ello un show televisado con lágrimas incluidas.

Como plan de acción ante el derrame de telespectadores no está mal pensado, pero sí fatal ejecutado. El público ha preferido entrar a contenido real, directo, exclusivo y de rigurosa actualidad como es el desafío independentista desde laSexta o Antena 3, que el teatro mal montado que ha girado en torno a los increíbles despidos de las dos colaboradoras de turno.

Esta es la primera vez después de 8 años y 2000 programas que intervenimos directamente en la emisión dando explicaciones“, decía una voz en directo de parte de la cúpula del programa de La Fábrica de la Tele. ¿También hay que creerse que a la cúpula de este programa no le gusta chupar micro y cámara?. Fin del objetivo.

Por @alvaroRoldan_