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Vale que estemos en esa era televisiva en la que todo vale, donde todo se viste de show y en la que exigimos a nuestra caja tonta un mínimo de morbo para prender el botón de ON. Pero que hayamos llegado al colmo de televisar el destripamiento del reality más conocido, querido y comentado de toda la historia televisiva, acojona.

Estas líneas podía haberlas tecleado hace cuatro o cinco galas, pero he querido meter a “Gran Hermano, Revolution” en una probeta para analizar su dañada evolución y hasta donde puede llegar a rebosar su decadencia. Hace años, el programa pupilo de la enorme Mercedes Milá competía consigo mismo en tocar techo en datos de audiencias; ahora pasea cada semana mientras sus dígitos caen a mínimos, y encima se recrea en ellos.

Compañeros del sector, amigos, lectores y hasta cabezas pensantes de la propia edición menos vista de “GH” me han preguntado el por qué de su entrada en coma (“¿En qué está (estamos) fallando?“) Y ante la famosa pregunta, una pluriempleada respuesta: se ha ensuciado su esencia, extirpado sus tripas , cambiado (a peor) el look y se ha presentado a su fiel público como si nada hubiese cambiado. Es más, se vendió a su tatuada audiencia como una involución a sus inicios, la revolución como premio a tantos vítores durante años. Pero llegó el día amigos, y la audiencia será criticona, chismosa, exigente o estricta; pero no recién nacida ¡oiga!

Ya llevaba un año con una salud delicada desde que algún iluminado se dejó llevar por su arrogancia y soberanía y arrancó de cuajo el corazón del show: Milá ya no presentará más “GH”. Llega Jorge Javier Vázquez. Para que nos entendamos, si el reality fuese la batería de nuestro Smartphone, en ese momento la cúpula de Zeppelin y Telecinco nos la dejó al 50%. De golpe.

Con la mitad de autonomía para respirar tienen la brillante idea de someter al moribundo programa a una intervención casi de cambio de sexo: borran el icónico ojo, los colores corporativos y hasta su nombre (reducido a las siglas ‘GH’). Un capoteo de marketing digno de cornada en la ingle. La batería la dejan en el 30% y sin enchufar.
Arranca el show y se confirma la desinstalación de su principal App: el 24 horas. Para continuar a bingo metieron a 100 personas en una interminable casa intentando hacernos creer que seremos los jueces del casting final de “Gran Hermano”..

El público pordioseó hasta el cansancio que regresara la sangre del programa: el 24 horas, que recondujeran la mecánica (también modificada) a sus inicios y que rellenaran de contenido sus galas y debates. ¿Respuesta? silencio por parte de la productora y pasotismo supino y descarado del Community manager de @GHoficial. Batería al temido 20%.

Las emisiones en prime time de Jordi González, Sandra Barneda y JJ.Vázquez caían en picado. Los portales especializados en televisión no dábamos a basto en interacciones cada vez que titulábamos un nuevo tropezón de audiencias de alguno de sus programas. Los resúmenes de Divinity luchando por pisar el paupérrimo 1% (actualmente la emisión menos vista de su llamativa parrilla) y, para colmo, el debate dominical pierde el privilegio del horario de máxima audiencia y se instala en late night. Batería al 12%.

Tuteledigital.es conocemos en primicia de una fuente interna del programa que los mandamáses de “GH, Revolution” dan las últimas oportunidades a las emisiones para que suban sus datos o la gala pasaría a emitirse también en late night: introducen morbo “salvamizado”, expulsiones de dos en dos, recalcan hasta el abuso su conexión 24 horas (pero ahora es tarde, señora) y hasta nos reconocen que han contactado con Mercedes, con la negativa como respuesta, claro.
Consigue subir al 15%, tras el mínimo histórico (13,6% y 1.3 millones) y parece convencer a la cúpula. El rumor de cancelación también nos lo desmienten a este portal por razones obvias de contratos y publicidad. La edición tiene que llegar (aunque a duras penas) hasta donde se ha pactado.

Ahora la batería del reality más tuiteado, comentado, entrevistado, visto y querido de toda la historia de nuestra televisión está al triste 8%, a punto de apagarse. Estamos asistiendo a la muerte en directo de nuestra pionera telerrealidad, y no se lo merece; a la audiencia más fiel nos duele.

Por @alvaroRoldan_