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16 años y algún día después, la cadena pública ha reabierto una academia que parecía estar cerrada de por vida desde que la cazó Telecinco. La audiencia también ha evolucionado década y media después, y se ha notado.

En los tiempos de Rosa, Bisbal o Núria Fergó el único feedback más cercano era El Chat y sus ocasionales salidas de la academia a grandes centros comerciales; ahora la comunicación es bidireccional, y hasta los propios productores, profesores, miembros del jurado y hasta el mismísimo presentador puede corregir errores en vivo directo gracias a las aclamadas redes sociales.

La etiqueta #OTGala0 se hizo tendencia mundial a tres horas del implorado estreno. Las encuestas rápidas y los debates de si veríamos la gala o si por el contrario accederíamos a las ofertas que la competencia directa plantó en su programación, ardían en Twitter. Todo esto, sumado al sinfín de titulares y artículos especializados en el gran regreso de OT es una descarada prueba del éxito que sigue latiendo entre los fieles de este mítico talent show. En 2001, los datos de audiencia era el principal ingrediente de éxito del programa; en 2017, tan sólo es un condimento más de todo el menú online de respuestas.

La gala empezó con trampa y al más puro estilo 2017: anunciada para las 22h10 pero enmascarada en una versión exprés de cara a los audímetros de Kantar Media que tan familiares nos son en esta era. La factoría Gestmusic nos obligó a tragarnos recortes de casting de muchas caras que no veremos más en esa academia. Vamos, relleno hasta entrar en horario de máxima competencia.
Lo perdonamos porque pasadas las y media Mónica Naranjo y su entrada triunfal a plató salvó la que estaba empezando a ser diana de críticas en la red del pajarito. Pocos esperábamos una actuación de la del “Sobreviviré”, muchos sospechamos sin embargo una gran actuación en los primeros minutos de la gala cero. Bien tirado.

La escenografía notable, que no sobresaliente. Recuerda mucho a la de Chenoa, Manu Tenorio y Bustamante, pero empequeñecida a niveles preocupantes para una nueva versión de “Mi música es tu voz” o sucedáneos… La iluminación está a la altura de un show de este calibre, pero el sonido… el sonido no cruzó la pasarela hasta pasada la medianoche (gracias a los críticos de Twitter. Denada)

El jurado pasa la nota de corte, salvo las predicciones de algunos componentes como la excesiva compostura y seriedad de Mónica o el parecido de bajo coste de Joe al polémico Risto Mejide. Intuyo salseo, broncas en todas las direcciones, pero sobretodo, show.
Roberto Leal, sobresaliente. La frescura y desparpajo andaluz mezclado con la profesionalidad y gamberrismo que requiere este formato, lo supera con creces, sobretodo en una gala sin cortes publicitarios ¡y del tirón!

Las voces han dejado mucho que desear después de 16 años, unas cuantas ediciones de “Factor X”, “La voz” y similares. La audiencia es demasiado exigente en pleno 2017, ya no se conforma con una Natalia joven y con voz atenuada, o con una Rosa sin pulir e inclusive con un Bustamante llorón, ahora el público es Twitter y lo guillotina absolutamente todo. Hubo gallos, desafines, concursantes sin ritmo ni sangre en las venas, pero también hubo chicha que se irá cocinando desde ahora en estos 16 triunfitos del nuevo milenio.

Por @alvaroRoldan_