Vuelve La Voz. Un año después de la victoria de Antonio José, que ha cosechado un predecible y moderado éxito, llega la oportunidad para otros 64 concursantes – demasiados para asegurar un nivel notable en todos ellos – de darse a conocer e intentar introducirse o mejorar su posición en la industria musical de nuestro país. Industria completamente podrida aquí, pero ese es otro tema.

A Telecinco, en esta cuarta temporada, sólo le pediría dos deseos que repercutirían en su propio beneficio y sobre todo en el de sus concursantes: que nos los presenten con nombre y apellido, para que cualquier interesado en su talento pueda recabar fácilmente información sobre ellos, y que permitan de una maldita vez que se puedan subir las actuaciones del programa a Youtube – creando su propio canal, por ejemplo, como hace The Voice en infinidad de países – para poder permitir la viralización de algunas actuaciones y que también pueda haber un seguimiento por parte de los fans del formato que viven en otros países. De momento, no han cumplido con ninguno de mis dos deseos.

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El equipo del programa comentó dos puntualizaciones acerca de esta temporada. La primera, que ésta edición tendría tanto nivel como la primera, lo que teniendo en cuenta que el año pasado dijeron que era la temporada con mayor nivel de las tres, se supone que deja a ésta cuarta por debajo. Lo segundo, que esta edición había pocos concursantes copleros y flamencos… y en ésta primera gala hemos tenido nada menos que cinco. Afortunadamente, no nos han hecho más promesas.

Nadie giró su silla por María Córdoba, que estuvo totalmente desentonada cantando “La mala costumbre”, ni por Almudena Brea, que resultó un tanto plana cantando “Aquellas pequeñas cosas”, ni por Ari, amiga de Rafael Amargo, que se dedicó a rapear con poca fortuna y mucho descontrol en “Men in black” y Alfred, un joven catalán que asegura tener un don, pero parece perderlo cuando hace transiciones al falsete… tiene rollito pero aún está demasiado verde.

Alejandro Sanz parecía tener prisa en terminar su equipo el primer día y logró que seis participantes se fuesen con él. Ellos son: Esperanza, una cordobesa de 21 años, que cantó por Adele demostrando tantos ovarios como falta de originalidad y que recibió todo tipo de alabanzas y loas pese a que estuvo calada por momentos y su actuación fue correcta pero no sobresaliente. Tiene potencial si saben llevarla.
Carlos, gaditano de 37 años, que logra que se giren dos coach en cuanto hace su primer quejío flamenco en “Lágrimas negras”, inevitable compararle con David Barrull y que en esa comparación salga perdiendo.
Thais, gallega de 30, estuvo el año pasado en las audiciones pero le tocó el último día y no tuvo oportunidad de que le escogiese prácticamente ningún coach. Hoy se ha marcado un “Whole lotta love” que ha convencido a los cuatro coach, pese a que su actitud en escena fue un tanto inane, sobre todo comparándola con Núria Martínez, de la primera edición, que tenía un estilo parecido pero más energía.
Rafa, catalán de 39, elige con tino “La niña de fuego” y pese a que también sigue la senda de Barrull, logra traspasar y hacer una audición contenida y emocionante.
Manuel, sevillano de 30 y ex miembro del grupo Sinlache, logra emocionar a Alejandro al cantar con bonitos giros y elegancia “Capitán Tapón”, canción de éste para su hijo. Tiene un perfil que me recuerda bastante a Antonio José, el pasado ganador.
Alejandro, sevillano de 20, se convirtió en carne de cañón para las batallas en tan temible equipo tras interpretar haciendo gala de cierta inexperiencia “Pasos de cero” de Alborán.
Por último, mencionar a Cris, una mujer que fue acompañada de una mesa de loop-station y de la que los coach alabaron su originalidad cuando este mismo año esto se ha hecho en Francia – lo hizo MB14, que llegó a la final (foto abajo)– , por lo que una vez vamos a rebufo de lo que se ha hecho en otros países, y que “cantó” “Hit the road Jack” aunque es difícil valorar su voz cuando la mayor parte del tema estuvo usando efectos diversos, algo que considero totalmente tramposo para un programa como éste. Además, estuvo tapada por el “telón”, una de las novedades más prescindibles de la temporada pasada.

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Melendi se inicia como hijo pródigo en su regreso al programa con dos voces. Paul es un navarro de 20 años que asegura ser rockero y cantar habitualmente en inglés pero se presentó en castellano con “Aunque tú no lo sepas” y que intentará hacernos creer que su voz es personal pero parece que necesita una bombona de oxígeno y su rango es totalmente limitado. Suponemos que Melendi se ha sentido identificado con él. Por su parte, Vanessa es una alicantina de 38 años, que cantó “What a difference” con suma elegancia y clase. Su aspecto tatuado contrasta con la dulzura de su voz y Melendi la miraba embobado tras girar su silla, realmente fue un gusto escucharla.

Manuel Carrasco abrió fuego en su equipo con dos voces femeninas. Esmeralda es una catalana de 20 años con look afro y que ha cantado “Is this love” con una voz sorprendentemente negra para tratarse de reggae, con garra y mucha personalidad. Una baza a tener en cuenta para próximas voces, es realmente interesante. También se quedó con Sislena, canaria de 18, la única voz lírica de hoy y ganadora hace tres años de “Tú sí que vales”. Siempre he pensado que el lírico no casa con un programa en el que luego se tienen que batir con otros artistas que cantarán música ligera.

Malú, por su parte, se ha llevado dos voces masculinas. Pamprán es un muchacho oscense de 19 años, que cantó “Y quién es él” de Perales como si fuese un tema de Manzanita. Un tema que parece dar suerte en este programa porque tanto Pamprán como Paco Arrojo lo han cantado en las audiciones logrando en ambos casos que se girasen los cuatro coach. Shanti Gold, de 36 años y proveniente de Menorca, es el líder de la banda tributo a Pink Floyd, y cantó con potencia y gran calidad “Jealous Guy” de Lennon, demostrando tanto talento que logró que olvidase su repelente discurso inicial de artista alternativo avergonzado por presentarse a “este tipo de concursos”.

Podemos resumir esta primera gala en un exagerado uso de publicidad que ha provocado que se hiciese interminable por momentos y un excesivo tipo de concursantes de estilos similares, que deberían diversificar un poco más. Pese a todo también hay participantes talentosos y más originales a los que apetece seguir la pista y que veremos de lo que son capaces en sucesivas rondas. La próxima semana más y ¿mejor? Eso esperemos.

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