Muchas veces hay que contar el pasado para entender el presente… Dramón, color y sexo, los ingredientes esenciales que nos chivatean que estamos ante una obra de Almodóvar, porque Pedro vuelve como representante del cine español a los Premios Óscar.

Ya te aviso, querido y exquisito lector, que si no has visto la cinta en cuestión mejor deja de leer y guarda el artículo en favoritos para visitarlo al término del filme almodovariano; no soy yo muy de ‘spoilear’ las cosas a diestro y siniestro. Advertido quedas…

Las películas de Pedro son como Belén Esteban (con permiso del séptimo arte): o la amas o la odias. Si eres de los míos ambos sabemos que le damos notable alto.
Desde el título de entrada ya te sientes en casa de Almodóvar. Dramón, color y sexo, todos los ingredientes de su cine, y en definitiva, del cine español por excelencia, pese a quien le pese. El papel pintado de las paredes, un Madrid del 2016 que te transporta a empujones a los noventa, un vestuario estampado que te hace sumergirte en la época de Maricastaña (y que por otro lado agradeces) y un vocabulario tan cañí como las historias que cuenta nuestro querido Peter.

Qué importante es hablar las cosas. Tenemos que obligarnos a confiar en quienes más queremos, y nos quieren, y no dejarse nada en el tintero porque la vida pasa a una velocidad que ni nuestros ojos pueden percatar. Eso nos quiere contar en el fondo “Julieta” y eso es lo que la lleva al podio del cine internacional a pesar de encontrarnos con la chica Almodóvar menos rebelde de toda su larga lista; ni mata, ni bebe, ni es puta… Gustos a parte por las otras dos merecidísimas competidoras, el dramón puro y duro vende, y mira que las tres pueden darse la mano en lloriqueos… pero al final ésta recoge la esencia del país, y no me refiero solo a la estética del filme (que por supuesto) sino a la subtrama que no te quita la mirada de la pantalla aunque la trama principal coquetee con el presente y el pasado.

Como pega recalco la lentitud de la historia, el forraje prescindible de algunas tramas y Emma con pelo corto

Un reparto de arrodillarse. Las dos protagonistas pueden ya empezar a ponerse nerviosas porque tienen serias papeletas para agarrar algún que otro Óscar; Emma Suárez nos hace reencarnarnos en Julieta sin darnos elección y Adriana Ugarte nos escupe ternura, pasión y confianza descaradamente. Una pena que la trama nos haya permitido disfrutar tan poco del siempre correcto y atractivo Daniel Grao, que hasta tapado como cadáver nos hacía ponernos tontos. La hija de Julieta me gustó tan poco como su reacción en la ficción, quizá por eso también habría que aplaudirla. Inma Cuesta sin embargo se comía la pantalla, y mira que hace cameos cortos, será por eso de no quitar protagonismo a la que debe tenerlo… ¡De Rosy de Palma qué vamos a decir! Espectacular hasta con canas.

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La fotografía y las localizaciones siguen con sobresaliente y en la línea de los trabajos de Almodóvar, así como el ya mencionado y extravagante color durante toda la historia. Como pega recalco la lentitud de la historia, el forraje prescindible de algunas tramas y Emma con pelo corto. “Julieta” empieza triste pero acaba feliz, ilusionada, enérgica y con ganas de rescatar todos los días perdidos de su pasado. Al final es la meta a la que sospecho que nos quiere empujar Pedro, y en mi caso, lo ha logrado. Mucha suerte esta vez, crack.

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