Desde hace ya algún tiempo, la televisión emite programas en los que personas anónimas venden su dignidad por una cantidad ínfima de dinero. Es el caso de Mujeres y hombres y viceversa, donde sus concursantes, por unos pocos euros, se dejan humillar como si de gallinas de corral se tratasen. En ciertas ocasiones, el programa vende una imagen que llega a ser muy criticada y te hace pensar en cuál es el precio de la dignidad de una persona.
Las humillaciones consentidas por parte de los concursantes son casos dignos de analizar por Iker Jiménez en Cuarto Milenio. Gente, cuya belleza supera a la media española, y su coeficiente intelectual es inferior al de la mona Chita, van a buscar lo que ellos llaman “amor” y yo llamo popularidad. También es cierto que en algunas ocasiones los pretendientes parecen más listos de lo que imaginamos, y ellos van en busca de un objetivo, que es darse a conocer y llenar su agenda de bolos, donde por una hora haciéndose fotos ganan lo mismo que un obrero sacando carbón durante un mes.

Ponerse en la piel de ellos puede ser bastante complicado. Ver cómo un asesor de “moda” -o eso dice ser- te insulta hasta el punto de hacer llorar, es algo incompresible, o ver como los pretendientes desfilan de una forma, como si de un burdel se tratase y fueron elegidos por un cliente, en este caso lo que ellos llaman tronista. El perfil del espectador de este programa es el adolescente, y supera con creces la audiencia juvenil y de gran potencial. Donde antes los jóvenes querían tener una profesión, ahora ser tronista es lo más deseado, y con distancia.

jesus Lo mismo pasa con el concurso Adán y Eva, aunque aquí no te dicen cómo vestir, ya que los concursantes van a buscar el “amor” completamente en bolas, y claro, aquí según parece, lo importante es el “interior” y sí, es todo muy bonito, pero hasta el punto de correr haciendo pruebas con todas las alegrías al aire, resulta bastante llamativo. Pero al final lo más destacable de este programa, no es más que el tamaño de sus partes intimas que al final suele ser lo más comentado.

Pueden ser personas valientes o bien cuya vergüenza es claramente nula, así que es una opción respetable exponer tu vida de forma que parece vender tu cuerpo a costa de tu dignidad. Intentar ponerme en su piel me resultaría bastante extraño. En definitiva, hay que tener valor para sacar una sonrisa de oreja a oreja para dejarse humillar en muchas ocasiones de esa forma.

Por Israel Bernardo (@Chechu_bob) para Tuteledigital.es

faldondeorejaaoreja