Después de asistir a la maniática gala de fin de año a la que nos invita Álex de la Iglesia en su última película, ya no nos tenemos que preguntarnos qué pasará, que misterio habrá en ese tipo de convites enmascarados de farsas. Como si en una mesa más de aquella ceremonia anual hubiese estado, porque así nos hace sentir desde el principio, os contaré como lo viví yo desde mi mesa. ¡¡¡Alerta Spoiler!!!

Hacía tiempo que no estaba tan de acuerdo con algo. A “Mi gran noche” o la odias o te encanta, no es la clásica película que te deja a medio gas y sin encontrar calificativo para describirla tras salir de la sala de butacas. Yo la catalogo de brutal; por su significado calificativo y por su realización, afinadísima, desde que el actualizado Santiago Segura arranca a hablar al público en voz en off.
Entiendo el descontento y la crítica negativa de muchos, las críticas no las llevamos bien en este país, y duele ver como alguien es tan deslenguado de contar verdades como puños a través del cine. ¿Pero así nació el cine no? De historias de amor y ‘dramones’ ya estamos empachados, por Dios..

De la Iglesia a pulido hasta el mínimo detalle de su último largometraje para enseñarle al público lo que se cuece tras las bambalinas y majestuosos muros de los tres grandes grupos televisivos de esta España nuestra. Sin mojarse mucho en nombres, pero acariciando parecidos razonables con un ácido juego de palabras, Álex lanza respuestas a los magnates de la ‘caja tonta’ y de paso a los que critican algunos de los contratos de su propio trabajo. Ya que se pone a tirar pullas… el hombre aprovecha.

Muchos descubrimos, a medias, la patraña de la felicidad en la nochevieja eterna de las televisiones. Ni el pollo o cava son de verdad ni las risas tan naturales como nos quieren hacer vender en la noche más antigua del año. De la Iglesia no da puntada sin hilo. Un sinfín de profesionales notablemente cualificados y descaradamente preparados son despedidos, o lo que es peor, usados, para rodar el fingimiento de felicidad suprema que encima nos felicita la entrada del nuevo año. Y luego, si te he visto no me acuerdo. Bravísimas las ‘cármenes’ (Ruíz y Machi) en la unidad móvil, otro guantazo sin manos a los grandes grupos de televisión que por dos duros piden fuera lo que no están dispuestos a pagar dentro a quienes lo merecen y dan tanto para hacer su televisión, y encima se lo llevan calentito desde el trono…

Y mientras el espectador desde casa, pardillo de la realidad, piensa que la lujosa y majestuosa gala de fin de año es incluso en directo y con el mayor presupuesto anual, unos piquetes amenizan el exterior de los estudios. Personal víctima de incontables eres que ponen freno a su experiencia laboral, y vital, mientras los jefazos se llenan los bolsillos con el trabajo sucio de otros, como bien expresa el personaje de Santiago Segura (que hasta le sobra para espuma como final de guateque).
Como será de afinada la crítica a esta gran mentira televisada que hasta los invitados a pie de escenario se vuelven completamente locos; una Blanca Suárez que amenaza con querer un premio reconocimiento por su paso por “Mi gran noche” en uno de los que posiblemente sea su papel más original a la par que estrafalario. Con la acertada y destacable compañía de una sublime Ana Polvorosa o Pepón Nieto, representante del pueblo en papel de tonto del bote y víctima de los gafes…

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Hasta los pactos por entrar a concursar a famosos realities líderes de audiencia tienen cabida en la excéntrica película de Álex. Tras sus famosísimas “Brujas” o “Balada triste de trompeta” que podríamos esperar del extravagante director amante de la sátira modernista y del caos en pantalla con pelea de egos como presentadores de gala. ¡Purita realidad vaya!
Ni los invitados son normales en “Mi gran noche”. Sencillamente impecable el trabajo de Raphael, aunque más imperioso fue aún su labor de autocrítica siendo el indiscutible sello nacional que es para nuestro país en el mundo del artisteo. Se codeó con el mismísimo Mario Casas en rubio, el toque ‘mojabragas’ (y casi preñadas) de la película. Todo un clásico.

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La madre chupacámaras, en el magnífico papel de Terele Pávez; el representante cansino, del necesario Tomás Pozzi; el maniático e introvertido ‘aquel’ que todos nos gusta, escandaloso Jaime Ordóñez; o el sacacuartos y negociador nato para ganarse exclusivas que bien sabe expresar el personaje de Enrique Villén. Todos estaban en el festín post-uvas, hasta tú, sí sí, tú.. el espectador todopoderoso y fiel que de repente descubre que mitos como José Luís Moreno podrían ser artífices de tal “gran noche”… o no.

¡Feliz año nuevo a todos, sobretodo a ti, Álex!

Una crítica de @alvaroRoldan_ para Tuteledigital.es

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