Se podría decir que los susodichos se cansaron de sentir que no valían, que eran solo una sombra del ayer… Y pidieron a “Cámbiame” que le hicieran unos arreglitos coincidiendo con el programa número 100. El último éxito de La Fábrica de la Tele, en vez de celebrar Halloween como el resto, sopla las velas de las 100 ayudas que ha hecho desde su triunfal llegada a Telecinco. 

Claro que esta es la historia que se vende, lógicamente. El pacto con esta familia ha sido ese, celebrar con ellos los 100 programas y de paso se van los tres súper a la última para su casa. El equipo de Pelayo, Cristina y Natalia llegaron a la franja de la hora de comer de Telecinco para ‘cambiar’ en principio su desastrosa audiencia, a manos del desaparecido programa “Robin Food”. El cocinero vasco, que ya ha regresado a sus fogones norteños con nuevo programa por cierto, no lograba pasar del triste 8,5% cada día haciéndole tremendo daño al informativo del medio día, un peso pesado para toda televisión.

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Tras arreglar la audiencia y colocarse como espacio preferido del mediodía, con una media del 13,5% y 1.4 millones de fieles diarios, el espacio de la “Casa Sálvame” se destinó a cambiar el look, sin cirugía, a las personas que acudieran al programa. Y así más de 100 veces, si contamos los cambios nocturnos (sin mucha afluencia de gente, debo decir) y los cambios “premium” que tan solo aguantaron 3 telediarios…
Pero se mantiene el pilar de los dos inventos, “Cámbiame diario”, el espacio con el que Marta Torné y sus excéntricos estilistas entretienen a un fiel público cada mediodía con las sorprendentes y raras historias de la mayoría de los que pisa esa pasarela. Por que claro, citando al jefazo mayor del programa, Óscar Cornejo, dice que “Una de las claves del éxito de ‘Cámbiame’ es el casting, y lleva toda la razón. El espacio que ha sido una evolución modernista del mítico “Diario de Patricia” pero sin sofás y del extranjero “Cambio radical” de Divinity, se sujeta gracias al extravagante y dramático casting de participantes. Desde abuelas muy demasiado modernas cuya meta en la vida es que sus amigas de patio la vitoreen de regreso al pueblo, pasando por modelos salidos de revista que pasan por allí para hacer promoción, hasta el dramón de la típica madre abandonada y dolorida por el maltrato psicológico de su exmarido… ¡Como pa´dejarlos escapar, oye!

Aunque con el permiso del señor Cornejo, me atrevo a añadir que el éxito del programa también está en los comentarios previos a que se abran las puertas de la pasarela. Esos debates exprés entre la imponente Cristina y sus imposibles vestidos, el redicho y pomposo Pelayo y la extremadamente sensible Natalia, son lo más. Por no hablar de las trifulcas que a veces se montan a pié de pasarela cuando algún familiar se opone al cambio o rechaza la extravagancia a la que han expuesto a su pariente. ¡Hasta abandonos ha habido oiga!
Pero si me permiten un consejo, alarguen el drama y “patio de Sálvame” final, y metan la tijera en el principio del cambio donde el participante nos mete en su vida tan tan tan interior, que a veces se nos olvida que es un programa de cambios y no “Sorpresa, sorpresa” versión mediodía. Dicho queda…

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Y para premiar todo este trabajo, los mandamás de La Fábrica y de Telecinco deciden hacer un cambio a tres bandas en el mismo día. Será el viernes (14h20), pre-Halloween. Una familia exige a los estilistas un cambio: “O hay cambio, o hay ruptura familiar, apunta la capitana de las participantes, entre las que se encuentra una transexual y su madre. ¡Telita fina!

Por @alvaroRoldan_ para Tuteledigital.es