Creo que me he enamorado. De Salvadora Maya nada menos. Nadie maneja La Cueva como ella, siempre detrás de su hijo Juan Andrés vestida como si fuera la madre de Pocahontas. Todo el estampado de leopardo es poco. Vamos, que si se va de safari con el Rey no sé quién andaría más afinado de puntería. Salvadora nos ha descubierto un nuevo mundo de glamour: El de “Los Gipsy Kings”.

Ella es la matriarca de los Maya, una de las cuatro dinastías gitanas que podemos ver cada domingo en el nuevo Docu-Reality de Cuatro. Con uno de los negocios más emblemáticos del Sacromonte, La Cueva de la Rocío, Salvadora se muestra exigente con la comida, con el espectáculo y con sus trabajadoras hasta el punto de “sugerirles” que se recojan el flequillo. Le gusta manduquear y eso es maravilloso. Como espectador, me declaro el fan número uno de la gitana más famosa de Granada.

Otra gran saga es la de los Salazar. Los Chunguitos se encuentran celebrando sus cuareeeeeenta años en el mundo de la música. Nunca he dudado de su sentido del humor, ya pudimos observarlo en “Tu cara me suena”, pero lo que vamos a encontrarnos en este programa es muy hardcore. Juan haciendo zumba, cantando con chicle, orinándose por las esquinas. ¡Es tan grande! Jose es como su Pepito Grillo y cuando se ponen a reflexionar juntos nos dan momentos que son oro molido. Como esas escenas con turbobañador-tanga en plan Pepito Piscinas… ¡Es que me quedo más muerto que las Houston!

¿Y la niña de papá? Todos queríamos ser ella cuando teníamos catorce años. La Rebe no vende en el mercadillo como sus hermanas, no. Ella le pide dinerito a su padre y se dedica a comprar trapitos para salir el fin de semana, porque si repite modelazo se muere, se acaba el mundo, tragedia, dramón… ¡Es peor que cuando a Camilo Sesto se le acaba la laca! Sus hermanas se frotan las manos porque saben que lo heredarán todo, pero su padre, el pobre, ya está haciendo números para tratar de organizar la fiesta de cumpleaños por todo lo alto que ansía su hija. ¡Con cámaras y todo! Para que los invitados lo recuerden siempre. Si no hablan de ella le da un mal. Por eso se pasea por el mercadillo cual La Veneno delante de una obra. Por el mero placer de que le griten cosas.

En contraposición está Quique, el díscolo vástago de los Fernández, que vive en una fiesta continua al más puro estilo Pocholo. ¿Será El Charro, el patriarca del clan, capaz de reconducir a su joven nieto por el buen camino para que abandone la vida nocturna? Adoro una reprimenda nocturna en el gimansio/sala de billar/solarium. Esa casa tan abarrotada como transitada me recuerda a la de Nia Vardalos en “Mi Gran Boda Griega”. Después de todo, las normas de los Fernández no son tan diferentes, ¿no?

los salazar

Estoy enganchado a las aventuras de “Los Gipsy Kings” y no pienso perderme uno solo de sus capítulos. Si en el programa inicial ya hemos tenido de todo y en abundancia, ¡Cómo puede acabar ésto! Espero que los Fernández Navarro ganen el partido, que los Maya sean capaces de reinventar La Cueva de la Rocío, que los Jiménez no tengan que pedir un crédito a Cofidis para pagar la fiesta de cumpleaños de la Rebe… y que Los Chunguitos no decidan grabar una película como “Desembraga a fondo” con Andrés Pajares… Ahí lo dejo. ¡Vivan los Gipsy! ¡Viva el pueblo gitano! ¡Y viva el cámara que los grabó!… Y hasta aquí puedo leer.

Una crítica de Javier Palacio (@javi_palace) || “…y hasta aquí puedo leer” para Tuteledigital.es

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