skdjeflsPERVERSIÓN ORIGINAL || nº 021.
Decía el filósofo español Ortega y Gasset en una de sus premisas más reconocidas aquello de “yo soy yo y mi circunstancia”, sentando las bases de su carrera sobre las diferentes perspectivas que se le presentan al ser humano en función de su experiencia vital, que es personal e intransferible. Por tanto, en torno a ello, es de suponer que dos personas cualesquiera reaccionarán de diferente forma ante un mismo acontecimiento, en función de las decisiones que tomen para solventarlo o lidiar con él. Esa reacción a su vez provocará ciertas consecuencias, y así ad infinitum. Así explicado esto puede resultar complicado de asimilar; sin embargo, hay una forma más clara de comprenderlo: viendo Breaking Bad.
Walter White es profesor de química en un instituto de Albuquerque (Nuevo México), a la vez que trabaja también como empleado en un lavadero de coches. Su vida es totalmente rutinaria hasta que le dan una fatídica noticia: tiene cáncer de pulmón y su seguro sanitario no le cubre los gastos del tratamiento. Obviamente, la noticia cae como una bomba entre su familia más directa: su mujer Skyler, su hijo minúsvalido Walter Jr. y sus cuñados, Marie y Hank Schrader. Éste último, aprovechando que trabaja como agente de policía en la brigada antidroga, decide distraerle de sus problemas llevándoselo un día a patrullar. La casualidad hace que Walter descubra cómo Jesse Pinkman (antiguo alumno suyo) trafica con metanfetamina y se le ocurre un plan perfecto para proveer a su familia tras su más que probable fallecimiento: “cocinar” una droga de mayor calidad que su antiguo alumno pueda distribuir e ir a medias en el negocio, metiéndose de lleno en la clandestina, peligrosa e intrincada red de narcotráfico existente en la ciudad fronteriza.

imagenes.4ever.eu-breaking-bad-161916

La historia, obviamente, se irá complicando a medida que avanza, otorgando a la producción de AMC uno de los puntos que más pesan en su consideración como mejor serie de la historia televisiva: un guión completo de principio a fin. Y por completo me refiero a preciso, coherente y sin ruidos ni tramas secundarias que distraiga de lo que realmente importa. Toda acción tiene su reacción, y siempre es la más lógica. Y a pesar de eso, sorprende y casi siempre pilla al espectador en bragas. Por ello mismo, en honor al desarrollo de los acontecimientos, hay un cambio significativo en la tónica general de la serie a partir de la mitad de la tercera temporada, coincidiendo justo con un momento muy emotivo con una genial canción de fondo (“He venido”, de Los Zafiros), que lleva un poco a que la serie deje de lado cierto ambiente propio y específico de tintes más románticos, dando paso a un enfoque más ‘hardcore’ y explícito, menos edulcorado y totalmente peligroso. ¿Es un cambio para mejor? Sí, rotundamente, es simplemente el cambio necesario, muy bien llevado a lo que la trama exige a medida que se desarrolla y despliega del todo. Porque una cosa tengan clara: ‘Breaking Bad’ es una serie que nunca decae; al contrario, cada capítulo es aún mejor que el anterior, culminando con un apoteósico tramo final de ocho capítulos que valen su peso en oro, plata, cobre y todos los metales existentes.
Sin embargo, para mí su verdadero éxito pasa, sin duda, por el espectacular diseño de los personajes. Es lo que consigue que grites al televisor maldiciendo sin sentido cuando acaba un capítulo y te das cuenta de que quedan siete días de sufrimiento hasta el próximo. Comenzando por el protagonista, el que da sentido al título de la serie: Walter White. Tímido en su vida cotidiana, pero un auténtico hi-jo-de-pu-ta tan temerario como temible en su vertiente delictiva. Un tipo con una existencia anodina, gris, que pasa sin pena ni gloria por la vida de otras personas, totalmente desapercibido ante los demás… y esa es su perfecta coartada (y más aún con el carácter contrario que tiene su cuñado, el centro de atención en cada momento). Nadie sospecharía de un Don Nadie. Es como si se crease el papel de su vida, parece que no tiene nada que perder ante los grandes capos de la droga: miente sin pestañear, desafía furioso, intimida aprovechándose de su superioridad profesional… y sin embargo es la persona más frágil en cuanto su familia pasa por algún apuro. Porque esa es otra: preocupado constantemente por el bienestar de los suyos pero vendiendo droga al por mayor, un doble rasero en la moralidad y la ética, producto de su giro al infierno. Y si estando allí aún así hay que venderle tu alma al diablo, pues se le vende. Todo sea por continuar, por seguir adelante, sacando provecho de una situación en la que ha llegado al punto de no retorno.

breaking-bad-all-characters

Quizás Mr. White sea un 90% de la serie, pero el resto no se quedan atrás, y tan necesario es él en la trama como su compañero Jesse. Por eso, la química entre ambos resulta indispensable: están condenados a entenderse, formando una sociedad muy peculiar en la que tienen muy claro en un principio cuál es el papel de cada uno. Pero claro, debido a las situaciones en que se ven envueltos, a veces es imposible dejar los sentimientos a un lado y seguir siendo fríos y distantes el uno con el otro, cristalizándose poco a poco una amistad demasiado particular. Como de ellos dos, podría pasarme horas también hablando del resto de personajes, sean principales o no, porque hasta el más mínimo secundario te engancha y todos resultan creíbles: los amigos traficantes de Jesse, la dinastía de los Salamanca (mención especial a los gemelos Leonel y Marco), Ted Beneke, los compañeros de Schrader en la DEA, etc. Todos. Pero si alguno resulta inmenso, desde luego, ese es Gus Fring. Impresionante lo que hace Giancarlo Esposito con un personaje tan dual y magnético, al que solo le hace falta decir las palabras adecuadas con el rictus más calmado del mundo para convertirse en un hombre temible. Carisma que degustar hasta empacharte y seguir engullendo por puro deleite, aunque revientes.
“Breaking bad” se ha convertido en el último fenómeno televisivo por excelencia entre los seriófilos más acérrimos
Y como colofón, el mimo general con el que su creador Vince Gilligan trata a la producción de principio a fin, que se ve reflejada sobre todo en una fotografía para la que todos los adjetivos positivos y superlativos se quedan cortos a la hora de describirla. Planos imposibles desde las perspectivas más imaginativas e inverosímiles, un etalonaje que otorga de personalidad y vida propia a cada paisaje, los juegos de luces y sombras… Y como colofón, una banda sonora cuidadísima que incorpora cada joyita musical a la trama en el momento exacto y con toda la intención del mundo.
Por todo esto y más (mucho más), esta ficción se ha convertido en el último fenómeno televisivo por excelencia entre los seriófilos más acérrimos. Pero no sólo eso, qué va: Breaking Bad es la mejor serie hasta el momento de la historia. Así, sin paliativos. Y quienes quieran creer que miento, que la sombra de The Sopranos, The Wire, Mad Men o cualquier otra meritoria de estar en la pomada es demasiado alargada, que la vean simplemente, porque si tuviese que describirla en sólo una palabra, esa palabra sería precisamente “más”. Breaking Bad siempre es más. Brutal.
Por, Edu Centeno (@eddyeCenteno) – Licenciado en Periodismo por la Universidad de Málaga para Tuteledigital.es

|| enlaces relacionados

> “Breaking bad” ha sido la mejor serie en los últimos Emmys