xcvbnPERVERSIÓN ORIGINAL || nº 020.
En su esquema más básico, la comunicación se define como un Emisor-Mensaje-Receptor: alguien le dice algo a otro alguien. Así de simple. Sin embargo, este esqueleto encierra desperfectos por todas partes que a lo largo de los años los arqueólogos de la comunicación han ido restaurando hasta el tuétano, limpiándole el polvo y añadiéndole conceptos que le den un resultado más consistente para que permanezca a lo largo de los años.
Por ejemplo: siendo 7.046 miles de millones de habitantes los que poblamos el Planeta Tierra, ¿quién nos asegura que el emisor y el receptor se van a entender o que hablan el mismo idioma? Habrá que crear un código pues. Otro ejemplo: en un mundo con 510.072.000 km² y, además, tan distorsionado por el ruido, ¿quién asegura que el mensaje va a llegarte y que no se pierde en alguna parte? Habrá que crear un canal pues. Si a estas necesidades le añades sibilinamente la visión empresarial, habrás creado un medio de comunicación masivo. Si a esos medio de comunicación masivos le añades necesariamente personas que lo conduzcan, habrás creado el periodismo. Y si a ese periodismo le añades superficialidad, habrás creado la prensa del corazón… pero si lo mezclas con un crítico entretenimiento ficticio, serás como Alan Sorkin y habrás creado una serie para HBO llamadaThe Newsroom.
Will McAvoy es el presentador estrella de News Night, el informativo estrella de la cadena de noticias ACN al que se le reprocha que nunca se moja políticamente y da siempre una visión muy neutra de la actualidad para generar audiencia. Durante una conferencia para estudiantes de periodismo, explota y paga sus frustraciones personales y profesionales con una estudiante, provocando que su imagen caiga en picado. Es entonces cuando decide trasladar a otro informativo a Don Keefer (su actual productor) y contratar a alguien que dé un nuevo aire a la cadena. Sin embargo, el presidente de la división de noticias Charlie Skinner decide que la escogida será la anterior pareja del presentador, McKenzie McHale, con la que no acabó bien y que además trae con ella a su propio ayudante: Jim Harper.
Junto a ellos y a otros miembros del anterior equipo de redacción como Maggie Jordan, Sloan Sabbith o Neil Sampat, intentarán reformular su informativo para que sea útil y comprometido con la sociedad estadounidense, mientras que a la vez deberán lidiar con los problemas y las rencillas personales que se generen entre ellos.
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imagen promocional de “The Newsroom”

En honor a la verdad, debo empezar esta reseña advirtiéndole al lector que todo lo que argumento en ella es construido a través de mis ojos de periodista, que condicionan indudablemente cada una de las reflexiones que hago sobre The Newsroom, más que nada porque es una de esas series en la que la profesión en torno a la cual gira es tan o más importante que los personajes que la componen.
Las tramas personales parecen servir de excusa o de relleno, quedando en un segundo plano frente al trabajo que hacen en la redacción. Lo que fascina de ella (y en lo que se hace especial hincapié) es ver cómo desempeñan una labor que requiere de concentración, coordinación, precisión y trabajo en equipo como máximos e indisolubles requisitos, todo a una velocidad de vértigo provocada por los constantes cambios a la que está sometido un acontecimiento de actualidad (y por la hora límite marcada para su emisión).
Pero, además, un hándicap: la veracidad de lo emitido, baremo con el que se mide la credibilidad de un medio y, por ende, la confianza que le deposita su audiencia. Pero, ¡ojo!: lo mismo yo digo esto porque es lo que normalmente viviría en mi entorno laboral y es lo que me interesa y apasiona. Me explico: en una serie de médicos, de policías, de abogados o de cualquier otra profesión, como espectador en lo que me fijo realmente es en las relaciones entre los personajes y su lado más ocioso, dejando en el background su trabajo. Por eso pienso que es posible que para cualquier otra persona que vea la ficción de HBO, las escenas más puras y duras en las que el periodismo sea el protagonista, no sirvan de aliciente total y se queden perdidas en el limbo del contexto.
Al margen de esto, tiene algunos minutos que sientan cátedra en el mundo de las series televisivas, sobre todo los diálogos envenenados a ritmo vertiginoso, de una locuacidad difícil de conseguir salvo que seas un personaje pluscuamperfecto, que tiene conocimientos sobre toda la realidad existente en el planeta y más allá y que, además, tiene unos principios morales sólidos y una idea totalmente clara de lo que siente en cada momento y sabe expresarlo con las palabras justas (vamos, lo que viene siendo un redicho y un resabiado de manual).
Por supuesto, hay mucho de demagogia también en algunas líneas e incluso algo de hipocresía estadounidense… pero también es cierto que hay que saber cómo incluir todas estas premisas para que la legitimidad global de la serie no se vea mermada. Si no pierdes el foco y asimilas que en el fondo se trata de simple ficción, puedes ver toda la realidad que (casi con toda certeza) encierra más allá de ella. Y es que es otra de las claves para entender en su totalidad la serie de Alan Sorkin: aunque las tramas se construyen sobre noticias reales acontecidas en los últimos años, no hay que olvidar que el guión está escrito ya con todo pasado y en clave de ficción, y el tratamiento que se les da a los acontecimientos es sólo el enfoque que su creador opina que es el correcto y más profesional, en el genuino y primario sentido con el que nació la profesión periodística: ofertar un servicio que reporte los hechos de la actualidad, generando una opinión pública que converja en una mejor comprensión de la sociedad y, a la larga, en una convivencia más cívica.
No debería haber en el mundo un periodista o estudiante de periodismo que discrepe de este planteamiento; y si lo hubiera, debería hacerse mirar por algún psicólogo ese trastorno contradictorio que padece (oh, madre santísima: ¡qué no daría yo porque el Will McAvoy de turno fuese el moderador e inquisidor en la pantomima de debates electorales televisados que tenemos en España!).
Dicho esto: ¿peca entonces de idealista? Sí. Y no sólo peca de idealista, sino que además alardea de ello. Nunca pretende hacerte creer algo que no es verdadero, no es una serie basada en hechos reales, pero es una serie basada en la realidad y en cómo podemos mejorarla simplemente siendo completamente honestos. Por eso está plagada de escenas o frases que evidencian que la sociedad no es perfecta, pero con empeño podría serla de principio a fin. Y digo de principio a fin porque precisamente los diez primeros minutos y los diez últimos de su primera temporada reflejan el espíritu de lo que The Newsroom es: el ansia de mejorar algo que se cree acabado aunque ello te convierta en el cabeza de turco de toda una sociedad cegada por su etnocentrismo, aunque ello te convierta en el the greatest fool. 
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escena de “The Newsroom”

/ SPOILER / Es por eso que uno se emociona tras las dos respuestas que Will McAvoy da a la estudiante cuando esta le lanza una pregunta en forma de bola rápida: “¿Qué hace de América el mejor país del mundo?”. La primera vez (en los primeros diez minutos) hace un strike en forma de diatriba que remata con una contundente sentencia: “El primer paso para resolver cualquier problema es reconocer que hay un problema. América ya no es el mejor país del mundo”. La segunda vez (en los últimos diez minutos) consigue batear y de esa bola hace un home run con tan sólo dos palabras: “You do (Tú lo haces)”. / FIN DEL SPOILER /
Por todo ello, en un mundo del que cada vez conocemos más pero entendemos menos, es necesario que alguien dé un golpe en la mesa y nos haga ver que existe una alternativa, que la (buena) comunicación nunca fue tan primordial como lo es ahora… pero que con total seguridad nunca se puede alcanzar si nos empeñamos en seguir remando sobre el barro, en lugar de bajarnos del barco y mancharnos de lodo hasta las cejas. Para quienes creen que otro periodismo y otra sociedad son posibles, The Newsroom es la serie. Para los que no, debería serlo. Pero mientras tanto, no estorben, porque como reza la frase revolucionaria: seamos realistas y pidamos lo imposible.
TRAILER – THE NEWSROOM

Por, Edu Centeno (@eddyeCenteno) – Licenciado en Periodismo por la Universidad de Málaga para Tuteledigital.es
Y ADEMÁS, COBERTURA ESPECIAL #EMMYS2013…
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